miércoles, 15 de enero de 2014

FOLKLORE


Compañía Folklórica Sinaloense, Fantasia Sinaloense
http://www.youtube.com/watch?v=03XcLoXGn04

Sinaloa está lleno de historia y leyenda, goza de un colorido espectacular en lo que se refiere a su folclor, muestra de ello es su singular Carnaval de Mazatlán y sus aún habladas lenguas indígenas como el mayo, mixteco, zapoteco, náhuatl, triqui, tarahumara, maya, tlapaneco y yaqui, principalmente. Además de que su música ha adquirido gran popularidad en el país siendo la Banda Sinaloense la que goza de una gran proyección comercial.

El pueblo sinaloense es alegre, dinámico y de gran sentido melódico. Tiene un estilo inconfundible como lo tiene la música yucateca, como lo tienen los sones huastecos, las chilenas de Guerrero y Oaxaca, como lo tienen los sones del Istmo.

Entre los indios nuestros predominó el ritmo; entre los peninsulares, criollos y mestizos, la expresión fue melódica. Con el tiempo, la expresión indígena se hizo fuertemente melódica.

Los instrumentos indígenas todavía usados son la batea con agua en la que se pone un medio “bule” o guaje boca abajo para producir la resonancia con determinado tono. Unos guajes resuenan al golpearlos con un palito de 3 a 5 mm de diámetro; otro con una tablita de palo del Brasil como de 2 cm de ancho, 1/2 cm de grueso y 60 cm de longitud, con uno de los bordes dentado, más un palito redondo. La tabla dentada se coloca sobre el guaje y se le talla la parte dentada con el palito con lo que se producen vibraciones. Otros instrumentos son la flauta de carrizo, la chirimía, el tambor pequeño que se toca calentándolo junto a las grasas del fogón con un “palillo”. Los “ténabares” —frutitos con semilla que se unen a un hilo—, se los colocan los “yoremes” o mayos del tobillo a media pierna, forman parte de la suntuaria, pero también marcan el ritmo con las sonajas, del extraordinariamente difícil paso que se marca con los talones y completa, según el profano criterio del autor de estas líneas, la música.

Los diferentes grupos musicales sinaloenses son: el coro generalmente usado en las iglesias; un conjunto que existía en el norte del estado usaba cuernos de res como bocinas; formaba el más extraño coro, y lo citamos por lo raro que nos parece; el cantante popular con guitarra; el conjunto indígena de violín, arpa, guitarra, flauta de carrizo, bateos con agua y tambor; el violín o guitarra acompañado con tambora que en mi pueblo llamaban “frijol con hueso” por ser el frijol con hueso uno de los más humildes platillos de la cocina sinaloense sin dejar de ser rico de sabor; la banda, la orquesta y en algunas ocasiones con conjuntos de cuerda para interpretar música de cámara.

Algunos conjuntos han sido muy famosos como la orquesta de los hermanos Borrego en Rosario, las de Palos y Gallardo en Mazatlán, la banda de Los Azulitos en Culiacán y la Casa Blanca en el municipio de Cosalá, para no contar más.

Los cantos indígenas expresados en escala cromática tienen un vigor que a nuestro parecer no tiene paralelo en la música mexicana. Los nombres de las composiciones son de animales de la fauna regional en su mayor parte; después, siguen nombres de la flora; en las melodías fuertemente indígenas no hay nombres de mujer aunque en muchas se trata de ellas en diversas formas. Para ejemplo recordamos El Venado, El Coyote, El Toro, La Paloma, Im Palomita (mi palomita), Mamín Cabra (5 borregas), Caball Tózali (caballo blanco), La Cuichi, Pájaro Azul, Ciali Bátachi (la rana verde), El Palo Verde y otras muchas.

La producción sinaloense puede dividirse por su forma en canción, canción corrido, canción son, canción llanera, canción de ecos, canción danza, canción religiosa y canción de cuna; sones, pascolas, coplas, jarabes, danzas, danzas habaneras, mañanitas, marchas, cantos de carnaval, coplas infantiles que se cantan en juegos tradicionales de origen español como la Naranja dulce, Amo a To que los niños de aquí llaman Matarile y otras muchas; hay valonas, chilenas, foxes, blues, etc., las dos últimas de las formas modernas. De todas ellas la más rica es el corrido, derivado del romance español y algunas combinaciones de él. En esta gama de formas son igualmente interesantes las misas, los villancicos, las canciones populares de sentido religioso que fueron autorizadas por el clero (arzobispo de México según el Prof. Vicente T. Mendoza) y toman su turno en los coros de iglesias después del canto llano.

En mi lejana niñez, después de un combate en Cosalá, en la alcaldía de la cárcel se colocaron los cadáveres de unos 20 soldados entre los que había muchos jóvenes de la localidad muertos en acción de guerra. Un muchacho que la hacía de corneta compuso un toque funerario para despedir a sus compañeros y a su hermano muerto. La belleza melódica, de honda tristeza, recuerdo que hizo callar por más de una hora los ayes que partían del cercano hospital de sangre. El que no derramaba lágrimas, sentía un nudo en la garganta.

Cuando el capitán le preguntó al corneta “¿Cómo le vas a poner a este toque que acabas de inventar?”. El muchacho recuerdo bien que contestó: “No sé. Le pondré Las Margaritas, como esas flores que trajo mi hermana. . .”

Varias de las composiciones que hemos recogido no son sinaloenses aunque por tales se tuvieron largo tiempo. La más notable del siglo pasado es La Susana, probablemente de Stephen Foster, la balada inglesa variada por el paisaje y la vida de Kentucky, fue traída a Altata, el primer puerto de Sinaloa en la época de los placeres de California en la mitad del siglo. Otras melodías puramente sinaloenses fueron canciones de la Revolución tales como "La Valentina" y "La Adelita", recogidas por don Ángel Viderique y popularizadas en 1895 en el Jardín Rosales de la ciudad de Culiacán. En esta época ninguna de las dos canciones tenía letra ni armonía. El Sr. Viderique las armonizó y las instrumentó para banda y hasta principios de este siglo, con letra de autores anónimos, se popularizaron en todo Sinaloa; eso fue de 1900 a 1908. Cuando vino la Revolución, ya eran canciones viejas y salieron del estado en labios de los soldados que dispersó el vendaval de la guerra.

En parentesco con el folklore, muchos intérpretes de la música sinaloense anónima, produjeron ellos mismos música muy sentida como el vals Alejandra, dedicado a doña Alejandra Ramírez, pariente del Nigromante, que fuera diputado federal por Sinaloa. Algunos de los autores de diversas épocas son el mazatleco Enrique Navarro, don Francisco Martínez Cabrera, Adolfo y Tirso Rivera, Martiniano Carvajal, quienes con la influencia del incomparable paisaje mazatleco, hicieron mucho; igualmente han producido música popular Jesús Escobar, Severiano Moreno en Escuinapa, José Isabel Santiago en Rosario si mal no recordamos, Miguel C. Castro en Los Mochis, Jesús N. García y Ramón F. López en San Blas, Guadalupe Avilés y una interminable lista de nombres que tienen magníficas obras, vidas llenas de colorido, de penas, de belleza, de anécdotas, de accidentes que llenan la historia musical sinaloense como un marco a la belleza y a la gracia que es su música.

El mensaje de los autores anónimos y de los autores populares es una invitación a vivir, a ser alegres y felices; la tristeza, la lágrima furtiva, son por las penas del amor, no por ansia de libertarse de la esclavitud o de la miseria. Esa vivacidad, esa alegría, ese vigor sin par, son expresiones del alma sinaloense, franca y valiente ante un gran porvenir que el mismo sinaloense se ha formado y que logrará gracias a la fuerza incontrastable de su voluntad.

Para recoger la música sinaloense, el entonces gobernador Corl. Alfredo Delgado, puso a mi disposición (1937), un músico experimentado, don Pedro Jiménez, a quien pague los gastos de todos los viajes efectuados. El Sr. Jiménez recibió las instrucciones necesarias para tomar las melodías en el momento en que se estaban produciendo espontáneamente, captando la forma tal como era expresada, sin variar frases musicales con supresiones, aumentos o correcciones. En Guasave y Mocorito, por ejemplo, el mismo tema que en el centro o sur se expresa sencillamente, allá es muy adornado y por tanto, aparece un compas hasta con cinco variaciones al ser interpretado en igual número de lugares diferentes.

Separadamente del estudio músico técnico del Profr. Vicente T. Mendoza, el estudio folklórico detallado de la música contiene historia, literatura, influencias como la herencia, el suelo, el paisaje, la intemperie, las formas, las circunstancias de producción, etc., que realizaron la manifestación artística. Tanto el original como las copias de esta obra se extraviaron al ser asesinado el Sr. Corl. Rodolfo T. Loaiza, que pretendía publicarla.

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